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Novela


Presentación de la novela Jihad en el Centro Español

 

 

 

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Última actualización el Martes, Julio 27 2010
 

Ficción, diáspora e identidad - con Horacio Castellanos Moya.

 

EL CENTRO CULTURAL DE ESPAÑA LE INVITA AL CONVERSATORIO CON

HORACIO CASTELLANOS MOYA VUELVE AL PAÍS

HABLARÁ SOBRE LA RELEVANCIA DE LA DIASPORA EN SU OBRA NARRATIVA

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Presentación del libro: La Hija del Boticario - de Laura Hernández de Salazar - en el Centro Español (Paseo Escalón)

 

con la participaciónde la poeta y escritora : Silvia Elena Regalado y Rosa María de Mercado, el día jueves 17 de junio  a las 18:30 horas, en el Salón Cultural del Centro Español, paseo General Escalón y 83 Avenida Norte.

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Última actualización el Martes, Junio 15 2010
 

Conferencia sobre Gonzalo Torrente Ballester - con motivo de su centenario - invita CCESV

EL CENTRO CULTURAL DE ESPAÑA LE INVITA A LA CONFERENCIA SOBRE GONZALO TORRENTE BALLESTER - CON MOTIVO DE SU CENTENARIO

A cargo de la escritora y catedrática Carmen González-Huguet 

Fecha: Jueves, 10 de junio de 2010.

Hora: 6.30 p.m.

Lugar: Centro Cultural de España (Calle La Reforma, 166, Colonia San Benito)

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Manlio Argueta un "Dios descalzo" por Christian Zárate

 

Manlio Argueta un “Dios descalzo”

Por Christian Zárate

 

Hojeando unos libros que eran de mi hermano,  me  encontré unas páginas maltratadas por el polvo y el tiempo, las abrí lentamente y en la parte inferior decía Manlio Argueta.

 

Eran varios poemas de su autoría. Desde aquel momento me identifiqué con su poesía y ahora con sus novelas hasta llegar hacer un complemento en mi rutina diaria.

 

Por destino de las letras me he encontrando a Manlio en tres ocasiones: en  sus obras literarias; cuando íbamos rumbo a España, a la celebración de las jornadas culturales de El Salvador en  Ripollet, Barcelona;  y en esta última ocasión fue muy diferente, sentados en una sillas de plástico y  con la compañía de dos tazas de café  y la de su cachorro Doquier Spaniel Manchado, de nombre” Toto” que rondaba entre nosotros, dando la impresión de ser su fiel custodio. En ese justo momento me dispongo a entrevistarlo, enciendo mi grabadora y empieza a correr la cinta.

 

-¿Por qué escribe Manlio Argueta?

 

- “Me siento completo, realizado, contento, vital. Por lo demás, no sé qué otra cosa podría hacer mejor.

 

-¿Como fueron tus inicios en la poesía?

 

-“Comencé a los diez años, gracias a que mi madre me decía poemas que ella se sabía de memoria desde su  juventud. Así que  me gustó la literatura desde que aprendí a leer. En sexto grado ya tenía mi cuaderno con poemas propios y ajenos, estos últimos los copiaba de los periódicos, cuando me gustaban. Así solo, desde temprana edad fui aprendiendo los ritmos y  elementos ocultos de la poesía.

 

-¿Qué es para ti la poesía?

 

-“Es una manera de ser. La poesía se vive. Es una explicación de la vida y de los misterios de la vida, es decir que es también filosofía.

 

-¿La escritura para ti representa  un trabajo de gozo, de dolor, de experimentación o de búsqueda?

 

-“Todo, menos dolor. Al contrario, escribir un buen poema –saber descubrirlo como bueno es otra búsqueda- es como celebrar una fiesta, sentirse feliz de decir algo tuyo que sabes es de todos aunque no lo sepan –otro descubrimiento es saber que tu emoción y tus sentimientos expresados pertenecen a cualquiera que los lea y los sienta.

 

-¿Cómo incursionaste en el género de novela?

 

-“Una necesidad de plantear temas sobre nuestra memoria que no era posible por la poesía. Por eso mi primera novela se llamó El Valle de las Hamacas, (escrita en 1967-68) algo difícil de expresarlo en poesía. Para mi suerte, ganó Premio Único  centroamericano de novela, en Costa Rica, y su primera edición fue en 1970, en la Editorial Sudamericana, Argentina; en esos momentos la más importante de habla hispana, aun no existía el boom editorial en España. Suerte para un poeta que se iniciaba en la novela.

 

-¿Novela o poesía?

 

-“Estoy con la novela, es difícil despegarme de ella, tantas cosas por decir y explorar, porque cuando escribo descubro que la memoria es también lo que imaginas. Pero en la narrativa, como lo hacen muy bien los escritores japoneses, también se puede ser poeta.

 

Tu  novela, “Caperucita en la zona  roja”, ganó el premio internacional de novela “Casa de las Américas” (en la Habana, 1977). ¿Que significado tuvo este premio para Manlio Argueta?

 

-“Esta fue mi segunda novela, lo cual me confirmó que podía seguir experimentando en la búsqueda de lo que considero mi memoria que quisiera ser una relación de la historia de todos.

 

-Tu obra Un día en la vida publicada recientemente en España, fue escogida por la crítica norteamericana entre las cien obras más influyentes en el idioma castellano del siglo XX, ubicándola en el quinto lugar,  en los Estados Unidos ¿dame tu opinión al respecto?

 

-“Debo decirte que ya en el 85 había sido publicado por Alfaguara de Barcelona, cuando aun no era una editora trasnacional. En el 2006 la volvieron a publicar otra editora española. Pero, bien, la encuesta se hizo a finales de 1999, y en Estados Unidos, Nueva York, Modern Library, donde soy conocido como escritor de habla española y por mis traducciones. No sé; pero si la encuesta hubiera sido en otro país hispano, no hubiera tenido ni siquiera un lugar entre cinco mil seleccionados por ser poco conocido. El quinto lugar salio debajo de Camilo José Cela, Vicente Aelixandre y García Márquez es un loteríazo nada más. Un reconocimiento al poeta que se animó a ser novelista. No sé por qué algunos se molestan, yo no me molesto cuando alguien se saca miles o millones en la lotería, a lo sumo deseo ser yo el premiado, pero sin espíritu malsano, sin malas ideas que al suertudo se lo lleve el infierno. Esto digo sin ánimo de aludir a nadie.

 

-Estuviste compartiendo este reconocimiento con dos premios Nóbel  de Literatura como son Gabriel García Márquez, y Camilo José Cela ¿que nos puedes comentar?

 

-“En esa encuesta las primeras cinco –la encuesta no se refería a escritores, sino a libros específicos-. Cien años de soledad, y El amor en los tiempos del cólera salieron en el primero y tercer lugar. La Familia de Pascual Duarte de Cela en segundo, Sombras del Paraíso de Vicente Aleixandre en cuarto; y Un Día en la Vida en quinto. Fue como un certamen más: los premios siempre son como el bingo; aunque a veces se otorgan por necesidades de mercado. ¿Y qué tiene de malo? No nos hacen mejores ni peores escritores. Lo importante es tomar sin vanidad este tipo de distinciones, que te impulse a escribir más, eso es ya una ganancia, pero sobre todo, se debe tratar de hacerlo bien, desde tus sentimientos antes que pensar en el galardón.

 

-Te recuerdas de  una conversación que tuvimos en una visita al Camp Nou, en Barcelona. Te dije que los futbolistas eran especie de dioses y me comentaste que los escritores también lo son, “por ejemplo yo me considero un Dios, solo que descalzo”.

 

-¿Por qué descalzo?

 

-“Supongo que me refería a que los escritores de la periferia no contamos con muchas aceptaciones, pero también quizás me referí a sentirse vulnerable porque dentro del oficio debes decir tantas cosas que otros pueden considerar que te vuelves un entrometido de la sociedad política. Tienes un poder literario que fácilmente puede considerarse un poder de mentiras o poder de humo. Y en cierta forma lo es.

 

-¿Cuál es la conexión entre el poeta-artista y novelista? ¿Existen realmente esta unión  o son dos entes separados?

 

-Tanto el poeta como el músico, el actor, el novelista o el pintor, son artistas. La diferencia está entre poeta y novelista. Creo que se puede ser novelista pero no significa que puedas llegar a ser poeta. Pero a un poeta le es más fácil ser novelista. Claro en este caso tiene que pelearse más con el tiempo, adquirir costumbres de estrella deportiva, en el sentido de cuidarse más, mayor disciplina de trabajo, etc. De otra manera solo podrás escribir dos o tres novela en una vida que pueden significar veinte o más novelas.

 

-¿Podrías platicarme un poco más de cómo fue tu salida del país hacia Costa Rica? ¿En tu caso el exilio es una condición?

 

-“Me fui después de la toma de la Universidad Nacional de El Salvador (UES) en 1972. Sentí que como escritor se me derrumbaba el cielo. Ya llevaba el gusano envenenado, o venenoso, de la novela.

 

Pues para un poeta es más fácil andar de guinda. Yo ya había sido publicado en Argentina que, en esa época era un hecho inusitado. Recuerdo que Salarrué llegó a visitarme a mi oficina para felicitarme, -yo tenía 31 años- sentí como si Dios hubiera bajado al ruedo donde yo toreaba. Sin la Universidad, sabía que no podía seguir en El Salvador. Nada más. Y en esas condiciones de exiliado, comencé a escribir Caperucita en la Zona Roja. Recuerdo que Ítalo López Vallecillos  me prestó su máquina de escribir, pues en esa época no tenía trabajo, y para mi salvación, gané el Premio Latinoamericano que me abrió las puertas de la Universidad de Costa Rica. Ciertas condiciones se llegan a superar y otras no, en el caso del exilio como condición.

 

¿Es una marca que se lleva de por vida?

 

-“No necesariamente, para mí Costa Rica fue una bendición, aprendí mucho y no me fue tan difícil, dada mi manera migueleña de ser. Al principio pensé en México, pero creo que con mi temperamento pausado hubiera sido como meterme en la boca del lobo de la ciudad caótica. Costa Rica era un paraíso, un socialismo bucólico en esos momentos –ahora ha cambiado bastante- para decirte que vivía en una pensión  estudiantil para ambos sexos y dormíamos con la puerta de la calle abierta. La leche y en pan baguette, se dejaba en las puertas de las casas.

Para alguien con necesidades alimentarías era fácil beber un bote de leche con pan, saltándose una y otra casa y nadie se daba cuenta pues podías repetir la misma casa después de tres meses. Algunas veces lo hicimos aunque ahora me avergüenzo. Estoy hablando de 1972, cuando nuestra Universidad permaneció cerrada casi tres años. Pero lo mejor fue que  me permitió escribir Un Día en la Vida, Caperucita, Cuzcatlán y comencé a escribir el primer borrador de Milagro de la Paz. Costa Rica fue mi paraíso y mi segunda patria literaria. La primera patria es mi infancia, como lo digo en Siglo de O(g)ro.

 

-¿Cómo surge esa llamada Generación Comprometida?

 

-“En verdad, nosotros con Roque Dalton, Otto René Castillo y Roberto Armijo y otros estudiantes de Derecho todos, fuimos los que integramos el Círculo Literario Universitario (1956). Años después Luís Gallegos Valdés nos asimiló al grupo que Italo había fundado y nominado como la Generación Comprometida (1950). Pero bien, los del Círculo resultamos más papistas que el papa, es decir, mas comprometidos con la gente; y con esa bandera navegamos casi todos, y para ello Oswaldo Escobar Velado nos prestó también su carta de navegación. Además, Ítalo, como funcionario de la Universidad de El Salvador, fue el que nos apoyó y acompañó en varias aventuras literarias. La más trascendente fue La Pájara Pinta, y Revista Universidad, y Vida Universitaria, donde ya participaron José Roberto Cea, Tirso Canales, Kijadurias y otros jóvenes que hicieron su propio grupo (Chito Solís, Chema Cuéllar, Uriel Valencia, Rafael Mendoza, Ovidio Villa fuerte, etc.).

 

-¿Qué influencias de escritores tuvo la Generación Comprometida?

 

-“Como todos éramos poetas, la influencia fue de Lorca, Neruda y Vallejo. Claudia Lars, Escobar Velado, Álvaro Menén Desleal, teatrero y cuentista, tuvo influencias europeas.

 

-¿Hubo una relación de amistad con Roque Dalton?

 

-“Claro, éramos compañeros en la Facultad de Derecho de la Universidad de El Salvador e integrantes del Círculo Literario. Un hermano. Punto

 

-¿Cómo recibiste la muerte de Roque Dalton?

 

-“La noticia de su muerte me hizo seguir con la literatura. Estaba en Costa Rica, desilusionado con mi papel de escritor en la calle y Dios descalzo; pensé entonces retomar la matemática –de lo que me había ganado la vida desde los diecinueve años. Un escritor tico me decía que yo tenía limitaciones porque quería, pues bien podía ser abogado, una profesión equivalente a la de médico o ingeniería, me decía, “aquí no estás en El Salvador”, me recriminaba al ver mi gesto de rechazo. Pero la profesión de leyes la consideré incompatible con mis aspiraciones de escritor. Por lo menos la matemática me conservaba muy cerca de la poesía. Siempre fue así desde niño, escribía poesía y daba clases de matemática a las niñas de mi barrio. Al recibir la noticia de la muerte de Roque me dije que una manera de sublimar su muerte, o de “vengarme”, era continuar como escritor. No era buena decisión en esos momentos trágicos para la literatura nacional pensar en mi retiro mientras moría quien me había impulsado a que escribiera (hay un poema de él que se llama “Escribe… Manlio”). Un hermano de letras, cuya muerte incidió que yo continuara escribiendo. Fue así que decidí continuar con Caperucita en la Zona Roja cuyos borradores ya había pensado quemar. Lo que regalé fueron los libros de matemática que había comenzado a comprar para refrescarme.

 

-¿Qué harías para fomentar la lectura en los adolescentes?

 

-“Ya lo estoy haciendo, visito las comunidades de mi país, por lo menos dos veces al mes. Un pequeño estímulo pero sirve de mucho que un escritor conocido esté de visita en Pasaquina, en Juayúa, en Apaneca  en Rosario de la Paz, en Comacarán, en Uluazapa, etc., donde me decía el alcalde que ni siquiera  los diputados llegaban –solo cuando eran candidatos, pero nunca después de ser electos. De alguna manera mis visitas promueven la literatura nacional. Por lo general visito centros de educación media y no me niego a hacer ninguna visita de las que me solicitan. Yo mismo me doy carreta: “que gran regalo hubiera sido para mí si hubiera llegado Salarrué o Claudia Lars, a San Miguel”; donde yo estudiaba en el instituto Nacional. Soy consciente del valor de la palabra literaria para cientos de jóvenes que puedo contactar.

 

-¿Qué estás escribiendo en estos momentos?

 

-“Acabo de terminar “El Sexto Muro”, y ya llevo la mitad de mi novena novela que lleva por título provisional “Vida Imaginaria, Muerte Real”. En el 2004 terminé “Arañas de la memoria, o Los Poetas del mal, aun no me decido por el nombre.

 

-¿Escribes tus escritos a mano,  maquina de escribir o computadora?

 

-“Ya no podría vivir sin computadora, tuve una portátil que pesaba unas 12 libras desde 1985, aun la conservo como recuerdo, y soy alguien que no puede conservar cosas. Se me olvidó escribir a máquina, aunque aprendí desde los trece años pues mi madre soñaba que podía ser escribiente de abogado.

 

-¿Cuáles son los 5  libros que recomiendas leer?

 

-“Rayuela, de Cortázar; La Muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes; El llano en llamas, de Rulfo; El amor en los tiempos del cólera, de García Márquez; Luz de Agosto, y Mientras yo Agonizo de Faulkner.

 

-¿Para ti que es clarooscuro?

 

-“La luz más deslumbrante por ser la más imaginaria en la pintura clásica y su maestro holandés Rembrandt; y porque inventa luz donde hay penumbra y oscuridad. Así es, de donde no hay nada, hay que imaginar, por eso soy optimista en las peores oscuridades del pesimismo.

 

-¿Qué te gustaría agregar a los escritores de las nuevas generaciones?

 

-“Hay que leer poesía. El poeta lo necesita más.  Pero el narrador debe leer todo –incluso avisos clasificados- y una vez encontrado el camino debe releer una y otra vez a sus autores favoritos. En mis tiempos de estudiante de educación media leí cinco veces Los Miserables, de Víctor Hugo; e igual Los Hermanos Karamazov y Crimen y Castigo de Dostoieski. En mis tiempos iniciales, cuando ya comenzaba a querer ser novelista, leí seis veces Rayuela de Cortázar, tres veces La ciudad y los Perros e igual Manhatan Transfer, de Dos Pasos y La Muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes.

 

-¿Como te gustaría que se te reconociera en tu epitafio?

 

-“Cuando ya no le tuve miedo me la encontré en el camino.

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