(Enviado por el autor a www.elsalvadorcultural.net )
La cultura coherente
contra la actual democracia representativa en decadencia
Salvador Juárez
“Entre los más fascistas, los menos fascistas,
también son fascistas”
Roque Dalton
La cultura popular de liberación y algunos de sus exponentes.
Un día la cultura popular de liberación será preponderante entre los fundamentos de la política cultural de la nación y entre sus valores exaltará el pensamiento, la sensibilidad y la actitud de los artistas, escritores e intelectuales que antes y durante la guerra ofrendaron sus vidas en aras de un ideal de sociedad: la sociedad socialista. Y por ello, por haber sido coherentes hasta el martirio, se les invoca con respeto y admiración. Podemos mencionar entre algunos de ellos a: Roberto Franco (La Rana), Mauricio Vallejo, Rigoberto Góngora, “Tamba” Aragón, Leonel Menéndez, Agustín Escoto (el joven del fagot) y tantos otros talentos de las diferentes tendencias y ramas del conocimiento, como por ejemplo José María Cuellar, Jaime Suárez y Reynaldo Echeverría, que, en forma inclaudicable y decidida, abonaron, con su convicción y fe, a una historia cuyo sujeto ha de ser el pueblo mismo, y a unos principios que habría que hacer trascender con una práctica coherente, principios y valores como el ser colectivo, la responsabilidad compartida, la honestidad, la solidaridad, y sobre todo, la incorruptibilidad. Tánto fue así en ellos que, con dichos valores y prácticas, asumieron su compromiso hasta ofrendar sus vidas. Entonces, su visión fue, hasta en los últimos momentos, el que un día El Salvador sea liberado de la compra-venta de su soberanía, y que la justicia regada con el sacrificio del pueblo no admita concesiones, ni mucho menos sea transgredida con otras trampas que manchan la trascendencia de la liberación que concebía Monseñor Romero: “Porque corremos mucho el peligro de querer salir de las situaciones inmediatas y nos olvidamos que los inmediatismos pueden ser parches, pero no soluciones verdaderas… Toda la solución que queramos dar a una mejor distribución de la tierra, a una mejor administración del dinero en El Salvador, a una organización política acomodada al bien común de los salvadoreños, tendrá que buscarse siempre en el conjunto de la liberación definitiva”. (23 de marzo de 1980)
El Estado de Derecha.
Veamos muy bien la advertencia de la reflexión anterior, la cual pudiérase aplicar a lo que se observa en el escenario actual de esa “democracia representativa” en decadencia, en donde aparecen, de los sombríos sótanos del pasado, siniestros personajes que se creía ya estaban en el olvido, pero que vienen con aires de querer darle o de querer agarrar lustre en esa chanfaina politiquera. Y esto dicho sólo de paso, pues es para un texto de mayor tratamiento y análisis el ocaso de la actual “democracia representativa”, la cual, habiéndosele agotado ya su escasísimo recurso intelectivo y carismático en las presentes escaramuzas electoreras, echa al ruedo a esos especímenes que configuran lo más fatídico de los espectros del pasado político salvadoreño. Me refiero concretamente a aquellos personajes de la vida pública que durante la guerra fueron hombres de Estado y cuyos fines fueron precisamente reprimir al pueblo organizado, al movimiento de masas en pie de lucha. Ese fue el rol que jugaron en El Salvador, donde formaron juntas y alianzas represivas y mantuvieron sus propias estructuras de muerte y luto, así como ha sido su nefando papel histórico en el mundo, tal como lo fue en Sudamérica con sus planes contra Allende, y con otros operativos internacionales en el cono Sur y en Europa contra toda expresión reivindicativa y revolucionaria. Por lo que se observa, entonces, esa contrarrevolución no ha cesado de fraguar sus planes, de hacer reducir, hasta la cero expresión, a los ex insurgentes, y recuperar su espacio y tajada en el nuevo “look” de la democracia representativa salvadoreña.
Empero lo más infame es que ahora se presentan diciendo que cuentan con vasta experiencia como estadistas. ¿De qué tipo de Estado? ¿Acaso el de sus regímenes tiránicos? Y aparecen hablando desfachatadamente de “principios y valores” y de otras chachalaquerías ¿de ultratumbas ideológicas? ¿De cuáles principios y valores? Acaso de los mismos valores con que persiguieron, encarcelaron y torturaron en las ergástulas de sus regímenes a los patriotas en lucha? Y lo peor es que se visten con piel de redentores, con plumajes de gallos tapados y con mates de ideólogos mercenarios dentro de las fuerzas progresistas, dizque que para oponerse a esa derecha de la cual probadamente han sido sus máximos exponentes y ahora son sus golondrinos, derecha que, a su vez, ahora hace gala de lo ídem, pavoneándose con los tránsfugas del otro lado, presentándolos como sus últimas adquisiciones y relevos. En fin, por tal gama de especímenes, posicionándose en uno o en otro referente político en contienda, es que, el fondo de la apuesta actual, es para consolidar el Estado de DerechA en El Salvador. Pues, véasele por donde se le quiera ver, el sistema de democracia representativa, en tales condiciones, lo que está haciendo es evidenciando aún más la esencia de ese juego y “sus reglas”. ¿Qué tipo de reglas y qué jugadas? Baste ver esa vitrina del sistema para darse cuenta de que los contendientes llaman, por igual, a ese juego, “profundización de la democracia”, y lo que hay realmente es la negación de la esencialidad democrática, pues de esa vitrina saltan, como de una Caja de Pandora, todas las genialidades del maligno para mentir, atemorizar, casaquear y timar a la ciudadanía; y al unísono, y en total acuerdo, defienden a capa y espada ese sistema político completamente viciado, cerrando filas, eso sí, mediante sus protocolos de entendimiento, contra las voces que se levantan en legítima defensa de la verdad histórica y en pro de los genuinos derechos populares. Esas voces que, en estas circunstancias, gritan como tambor sonando: “Esta es la realidad. ¡Yo no la callo aunque me cueste el alma!” (*)
Esas voces que, para plantarse en las conciencias de cualificado nivel, han de nutrirse siempre en esa historia nuestra, en esa cultura fundamental de esencia liberadora, cuyos mejores hijos precedieron con su testimonio ejemplar, tales nuestros hermanos que hoy invocamos, sin ocultar ni soslayar su aporte, su identidad, su tendencia humanística y su ideal de sociedad, sino al contrario, recurriendo a su memoria para con sus talantes libertarios y sensibilidades sociales, darle fortaleza a la visión de mundo que ellos en su tiempo cultivaron. Y seguir siendo portadores de su fuego en la más humilde faena que se asuma. Y así, seguir planteando con más lógica y certeza la construcción de un “contrapoder” como alternativa a ese poder dominante que, como muestra de su disloque histórico, exhibe su política en un sistema democrático representativo ya corroído por su misma perversidad, y ya proclive a la caducidad por ser vetusto sin remedio, por ser fraude en sí mismo, por ser un muestrario de la prehistoria política salvadoreña.
La esperanza histórica y las nuevas formas de organización.
¿Por qué no darle paso a la verdadera esperanza, a la esperanza histórica, para que el pueblo busque su mejor forma de organizarse y constituirse en sujeto de participación y transformación? Hay una vasta y rica experiencia de organización y lucha en El Salvador, que, cuando sean encarnados y vivificados sus caracteres positivos, por parte de los militantes de la vida y de la sociedad ─más allá de las coyunturas y de los partidos políticos electoreros─, se echará a andar de nuevo el proyecto histórico truncado, retenido y degradado, y se vindicará el proceso de liberación en su proyección justa y consecuente.
Éste ha de ser el movimiento histórico en su impulso reivindicativo y necesario, luego de una y más intentonas, luego de una y más pruebas de sacrificios y triunfos que al pueblo le han sido arrebatados, traicionados y falsificados. Y ha de ser así porque, dialécticamente, consustanciará el tiempo, el concepto de lucha y las condiciones reales determinantes. Será la expresión del poder popular alternativo, porque, con ese espíritu y concepción, desplegará su dinámica y creatividad en los diversos ámbitos bio-sociales, económico- políticos y culturales. Y lo será de manera muy genuina, porque el pasado de heroísmo y martirio de nuestro pueblo no será negado vergonzosamente, como el niño-bien, como el muchachito “igualado” que se avergüenza de las penalidades y de la extracción de clase de sus padres y hermanos, sólo por ir tras la galgura y su vanidad. Ese pasado histórico y cultural será lo que es: el emblema sagrado de toda lucha reivindicativa; y será asumido con dignidad y orgullo porque, durante ese Gran Tiempo, nuestra gente dio lo mejor y más preciado: su vida y su familia. Y porque su sacrificio y visión no fue con fines patrimonialistas, ni para crear mucho menos argollas de nepotismos nefastos. Fue en perspectiva a su pueblo, y lo que consecuentemente significa esta cosmovisión.Por ello, al retomar ese hilo histórico, social y cultural, el nuevo modo de hacer política irá en contra de la esencia corrompida del actual sistema político, el cual, como ya dijimos, en la presente fanfarria electorera ha hecho gala de su tipificación al mentir, atemorizar, tranzar debajo de la mesa y con todo descaro. En esa fanfarria, los políticos más “avezados”, los considerados “listos” e “inteligentes” por sus intrigas y cinismos, se burlan de conceptos, principios y valores que no caben en su marco de referencia y en su praxis. Y a la consecuencia histórica la llaman “fuera de contexto”, a la bondad “pendejismo” y al patriota “maje trasnochado”. Por ello, la nueva militancia ha de desarrollar la conciencia hacia niveles superiores de sensibilidad, tal como ha sido siempre el fundamento humanístico revolucionario. Para que, mediante su accionar, en cualquier ámbito humano-social, vaya habiendo una transformación profunda de su ser, y que esa espiritualidad, cimentada en el amor, vaya irradiándose, objetivándose en un tejido social cuyo quehacer encamine al desarrollo, al progreso y la prosperidad…
(*) Poema Patria Exacta, Oswaldo Escobar Velado.
(Publicado en Aula Abierta, Suplemento Cultural Tres Mil, Diario CoLatino,
sábado 7 de marzo de 2009)




